Mi ceño se va tranquilizando poco a poco. De fruncido pasó a sorprendido poco a poco, y por fin parece que va a volver a la normalidad. Es extraño no el aprecio, sino el impulso de imitación que siento. Las calles son las mismas de siempre, pero cada vez tengo más razones para sonreir. Se ha convertido en mi ejemplo a seguir, quizá sea la única vez que creo realmente que todos deberían parecerse más a ella.
Me acabo de delatar yo solito. Realmente. Típico adverbio de Pedro y el Lobo. Y sin embargo, me siento mucho más convencido. Antes no necesitaba que siguieran su ejemplo, y ahora sin embargo siento necesidad de predicar por éste.
No dejo de darle vueltas a las tres etapas del ciclo de retroalimentación de la dualidad persona/realidad. Sentir la realidad y actuar en consonancia, con un bucle entremedias como intento de procesamiento. Sentir, pensar y actuar, qué idílico.
No debemos olvidar nuestros deseos, ni dejar que nuestros miedos nos coaccionen. Que nos hagan pensar lo que no debemos es inevitable. Pero lo principal, para no caer en una trampa de la que no podamos salir, es no dejar de sentir.
A eso me dedico y en ello vuelco mis esperanzas cuando por la calle, intento por unos segundos dejar de ser un robot e intento sonreir como sólo sabe una persona.
Palabras crudas y quizá excéntricas de un joven que se cree que piensa mejor que la mayoría y no consigue demostrarse lo contrario: Política, sociedad, crisis económica y moral, y muchos muchos principios e insultos gratuitos.
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miércoles, 30 de noviembre de 2011
jueves, 17 de noviembre de 2011
El corazón
La tormenta ha llegado. Increíble ver cómo se desboca uno, qué se puede sentir. Y sacas la cara de la pantalla y te sientes enjaulado. La estética de la biblioteca general ayuda con tanto ventanal subdividido hasta la saciedad.
Las manos frías. En manga corta en Noviembre. Y la cara ardiendo. Impaciencia ha vuelto al hogar con su amiga Inquietud. Paras un momento y notas como el pecho se te hincha en un suspirar lento, jadeante, que te hace notar, por contraste, tu ritmo cardíaco.
Se siente uno más vivo porque actúa más. Porque piensa menos. Qué raro que se derrame con más fluidez el tiempo entre las manos cuando más inquieto está uno. Como hacer todo y nada.
Inestabilidad completa. A cada momento viene a la mente un sentimiento distinto. No sabe uno cómo se encuentra. De todo menos tristeza y tranquilidad. Una cadencia acelerada con pequeños parones, tan cortos como para no sentir descanso y tan largos como para no dejar de preguntarse cuándo volverá a empezar.
En conclusión, me siento como mi hamster dentro de su rueda, intentando escapar de la jaula a algún paraíso de roedores, quizá en Tomelloso.
Ahora caigo en por qué mi manga corta. Tras las Flores viene el Verano. Disculpad mi prosa por lo inexplicable de mi sentimiento.
Las manos frías. En manga corta en Noviembre. Y la cara ardiendo. Impaciencia ha vuelto al hogar con su amiga Inquietud. Paras un momento y notas como el pecho se te hincha en un suspirar lento, jadeante, que te hace notar, por contraste, tu ritmo cardíaco.
Se siente uno más vivo porque actúa más. Porque piensa menos. Qué raro que se derrame con más fluidez el tiempo entre las manos cuando más inquieto está uno. Como hacer todo y nada.
Inestabilidad completa. A cada momento viene a la mente un sentimiento distinto. No sabe uno cómo se encuentra. De todo menos tristeza y tranquilidad. Una cadencia acelerada con pequeños parones, tan cortos como para no sentir descanso y tan largos como para no dejar de preguntarse cuándo volverá a empezar.
En conclusión, me siento como mi hamster dentro de su rueda, intentando escapar de la jaula a algún paraíso de roedores, quizá en Tomelloso.
Ahora caigo en por qué mi manga corta. Tras las Flores viene el Verano. Disculpad mi prosa por lo inexplicable de mi sentimiento.
sábado, 12 de noviembre de 2011
El sueño
La realidad no me quita el sueño. Pase lo que pase, hagan lo que hagan, por ahora al menos no me afecta el mundo. Me afecto yo.
En lo único que pienso cuando intento dormirme es en qué voy a hacer al día siguiente y qué he hecho ese mismo día.
Al día siguiente me esperan decisiones por tomar con sumo cuidado. No me preocupan los resultados, me preocupa conseguir hacer las cosas justo como creo firmemente, sé para mis adentros, que debo hacerlo. Algunas veces reina el mundo del bien y consigo hacer lo que realmente creo lo mejor, y en otros momentos me dejo llevar por las sensaciones del momento y acabo haciendo lo que no debería.
Como siempre, pesa más lo malo que lo bueno. Pero afortunadamente, los temas que más rebotan en mi cerebro, que más fácilmente me calientan la cabeza, los llevo bien por ahora. Quizá el tabaco y madrugar sean mis peores fallos en este momento.
Desencanta completamente ver cómo los instintos más primarios lo toman a uno en brazos y lo titiritean como quieren. Cuánta maldad puede sentir uno mismo dentro de su corazón cuando ve que no hace lo que se propone porque no quiere, porque un vicio ha pasado a ser parte no sólo de los hábitos sino también de la personalidad, de la mente, de uno mismo.
Me consuela ver que otros que me han hecho sentir peor han quedado dormidos por la abstinencia. No muertos, pues esperan a que llegue su momento, pero parecen haberse rendido a mi voluntad hasta que yo reclame su ayuda. Quién iba a pensar que yo iba a creer en la castidad de verdad, la mental, que iba a conseguir separar mentalmente sentimientos tan relacionados con el sexo para buscar éstos firmemente despreocupándome del segundo. De verdad que me sorprende.
Eso me recuerda que casualmente llevo hoy mi camiseta de Borat, en la que reza "I like sex, it's nice". Me encanta la dulzura de la frase, hablando del sexo como una apetencia, como una afición de moderada prioridad. Como si, en definitiva, la amistad pudiera ser mucho más que amistad sin que hubiera sexo. Como si pudiéramos ser felices con o sin sexo. Como si lo que realmente importara fuera un abrazo, una sonrisa o una mirada. Como si por fin nos diéramos todos cuenta de que somos parte de un único organismo, y amar y cuidar a los demás fuera la única forma de conseguir nuestra felicidad.
En lo único que pienso cuando intento dormirme es en qué voy a hacer al día siguiente y qué he hecho ese mismo día.
Al día siguiente me esperan decisiones por tomar con sumo cuidado. No me preocupan los resultados, me preocupa conseguir hacer las cosas justo como creo firmemente, sé para mis adentros, que debo hacerlo. Algunas veces reina el mundo del bien y consigo hacer lo que realmente creo lo mejor, y en otros momentos me dejo llevar por las sensaciones del momento y acabo haciendo lo que no debería.
Como siempre, pesa más lo malo que lo bueno. Pero afortunadamente, los temas que más rebotan en mi cerebro, que más fácilmente me calientan la cabeza, los llevo bien por ahora. Quizá el tabaco y madrugar sean mis peores fallos en este momento.
Desencanta completamente ver cómo los instintos más primarios lo toman a uno en brazos y lo titiritean como quieren. Cuánta maldad puede sentir uno mismo dentro de su corazón cuando ve que no hace lo que se propone porque no quiere, porque un vicio ha pasado a ser parte no sólo de los hábitos sino también de la personalidad, de la mente, de uno mismo.
Me consuela ver que otros que me han hecho sentir peor han quedado dormidos por la abstinencia. No muertos, pues esperan a que llegue su momento, pero parecen haberse rendido a mi voluntad hasta que yo reclame su ayuda. Quién iba a pensar que yo iba a creer en la castidad de verdad, la mental, que iba a conseguir separar mentalmente sentimientos tan relacionados con el sexo para buscar éstos firmemente despreocupándome del segundo. De verdad que me sorprende.
Eso me recuerda que casualmente llevo hoy mi camiseta de Borat, en la que reza "I like sex, it's nice". Me encanta la dulzura de la frase, hablando del sexo como una apetencia, como una afición de moderada prioridad. Como si, en definitiva, la amistad pudiera ser mucho más que amistad sin que hubiera sexo. Como si pudiéramos ser felices con o sin sexo. Como si lo que realmente importara fuera un abrazo, una sonrisa o una mirada. Como si por fin nos diéramos todos cuenta de que somos parte de un único organismo, y amar y cuidar a los demás fuera la única forma de conseguir nuestra felicidad.
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